lunes, 24 de mayo de 2010

Continuamos compartiendo algunos parágrafos del capítulo segundo del libro del Padre Gabriel Bunge, “Vasos de Barro”, primera parte)
Orar orientados “Mira hacia oriente, hacia Jerusalén”
(Ba 4,36)

La palabra “orientación” a todos nos resulta familiar pues la empleamos en el lenguaje cotidiano. La mayoría sólo asocia con ella la representación de una determinada “dirección”. Quien se “desorienta” ha perdido de vista dirección y meta. Apenas hay quien todavía sea consciente de que “orientación” significa precisamente “oriente”. Orientarse significa volverse hacia ese punto cardinal (el este), por donde sale el sol.
Fuera de los liturgistas apenas hay quien aun sepa de que todas las iglesias cristianas están “orientadas” (es decir deben mirar hacia el este), o que al menos en principio deberían estarlo1, porque los cristianos desde antiguo acostumbraban a rezar vueltos hacia el este.
Este volverse hacia el este para rezar es a los ojos de los Santos Padres tan importante que vale la pena examinar este tema con mayor detención. Orígenes es categórico: no hay ningún motivo que pueda impedir a un cristiano volverse hacia oriente para rezar2. La pregunta por el “por qué” de dicha orientación no es nueva.
Pregunta: Será porque Dios, el Señor del universo, determinó que la entera creación quedara fijada al modo de círculo o redondel, por lo que David nos manda que “alabemos al Señor en todo lugar de su imperio”3 , y el Apóstol nos ordena idéntica cosa pues “quiero que en todas partes eleven sus manos piadosas hacia Dios"4, ¿por qué entonces elevamos himnos y oraciones hacia Dios mirando hacia oriente como si consideráramos que la dirección por donde sale el sol fuese más digna y pensando que hacia allí está la morada de Dios? ¿Y quién enseñó a los cristianos semejante costumbre?
Respuesta: Dado que entre nosotros se destina al más digno para dar gloria a Dios, y como de acuerdo a la opinión de los hombres el este es más digno que las demás direcciones de la creación, es por eso que todos nos inclinamos hacia el oriente durante la oración. Al igual que en el nombre de Cristo sellamos con la bendición de la mano derecha a aquellos que lo necesitan porque se la tiene por más digna que la izquierda, aunque es por convención y no por naturaleza que se la tiene por distinta, del mismo modo se determina que para la adoración de Dios la dirección por donde sale (el sol) sea tenida como más digna que las demás.
El hecho de que realicemos nuestras oraciones vueltos hacia oriente de ningún modo contradice ni la palabra del profeta ni la del Apóstol, pues el creyente “en todo lugar” halla “orientación” ya que en todas partes le está presente la “salida”. Adorando vueltos hacia aquella dirección a la que nos orientan los sentidos de nuestro rostro, - ya que es imposible que mientras recemos miremos en las cuatro direcciones de la creación -, lo hacemos así no porque únicamente esa (orientación) sería creación de Dios, ni tampoco por que habría sido predestinada a ser morada de Dios, sino por ser el lugar destinado a recibir la adoración que le ofrecemos a Dios.
La costumbre de rezar la Iglesia lo recibió de aquellos que igualmente le transmitieron dónde rezar, es decir de los Apóstoles 5.
La pregunta arriba planteada está más que justificada. Ciertamente los judíos adoran en Jerusalén y los samaritanos en Garizim6, y cuando un judío piadoso se encontraba fuera de la ciudad santa hacia ella se volvía para rezar, pues allí se hallaba el templo de Dios7. Pero en principio, con la venida de Cristo, caduca esta orientación ligada a un lugar. El “lugar” de la presencia de Dios es Cristo mismo. Desde entonces los “verdaderos adoradores del Padre lo adoran en espíritu y en verdad”8.
El anónimo autor de las “Respuestas” constata sin temor de que la costumbre cristiana de inclinarse hacia oriente para rezar está basada en una disposición y no en la naturaleza. El por qué los cristianos consideran más venerable al este que a los otros tres puntos cardinales no nos lo revela. Otros Padres, -anteriores y posteriores a él-, nos informarán ampliamente al respecto. Es interesante la observación de que necesariamente nos inclinamos en la dirección de los sentidos de nuestro rostro. El hombre posee de hecho un rostro, tanto en el sentido físico como en el espiritual, que vuelve hacia aquel al que desea dirigirse – un gesto de profundo significado simbólico como por experiencia sabemos.
Por último el autor constata que en el caso de la costumbre de volverse hacia oriente para rezar, nos hallamos ante una tradición apostólica, y que por tanto nos hallamos ante algo que pertenece a los fundamentos de la Iglesia. La misma opinión la tienen otros Padres como por ejemplo Basilio el Grande9.
Es desde los tiempos apostólicos, por lo tanto, que los cristianos se vuelven hacia oriente y que así profundamente inclinados adoran a Dios, y eso no por que únicamente allí se vería a Dios como observa Gregorio de Nisa10. ¿Entonces, por qué?. Ya en el siglo cuarto no todos lo sabían.
Por esta causa todos miramos hacia Oriente cuando oramos, pero pocos saben que estamos a la búsqueda de nuestra patria de origen, el jardín (del Paraíso) que Dios plantó en Edén, hacia el Oriente 11.
La razón más importante por la que los cristianos consideran al oriente como más venerable que los restantes puntos cardinales es por lo tanto de naturaleza histórico salvífica: la ubicación del Paraíso “hacia el Oriente”12. El Paraíso es aquel lugar en el que se concretizó la voluntad original, primera y efectiva de Dios respecto a la creación. El pecado de nuestros primeros padres estorbó este designio y llevó a su expulsión de esa “patria de origen”13. Esto no fue óbice para que la voluntad primigenia de Dios hacia su creación siguiera en pie. Es por eso que ya en el castigo mismo estaba incluida la promesa de que la expulsión no sería definitiva.
Dios expulsó a Adán, - y evidentemente también a su mujer -, del Paraíso. Pero lo que fue expulsado tiene posibilidad de retornar. Pues Dios no lo envió fuera sin esperanzas de retorno, sino que habiendo sido “instalado por Dios frente (al Paraíso)”14 viviera con nostalgia de él, teniéndolo fijo delante de sus ojos 15.
La acción salvífica de Cristo consiste en llevar a cumplimiento esa promesa actualizando así la primigenia voluntad creacional de Dios. Es por eso que en relación al divorcio, que la legislación mosaica sí permitía, afirma:
¡Pero al principio no era así! 16.
Ese (comienzo) o principio - no lo es tan sólo en el sentido temporal sino sobre todo en el esencial y en el de los principios y por eso mismo sigue siendo el “comienzo” decisivo. Por eso es que el hombre no debe separar lo que “al comienzo” Dios unió17 . Así habla el VERBO, porque él mismo en sentido absoluto, estaba “al principio en Dios”18 totalmente identificado con la primigenia voluntad de Dios.
Por tanto cuando el cristiano reza, vuelto hacia el este, contempla cómo se va formando ante su ojo espiritual el Paraíso cual “patria de origen”, en la que puede ser absolutamente él mismo: viviendo en total armonía con su Creador, hablando allí con él cara a cara, en armonía con sus semejantes, consigo mismo y con las criaturas que lo rodean. Contempla el “árbol de la vida” del que ya no está excluido gracias a la muerte en cruz de Cristo, - es por eso mismo que desde antiguo la dirección por donde se levanta el sol estaba marcada por una cruz dibujada en la pared. Se comprende que sea recién a partir de este rezar hacia el oriente que al cristiano se le haga comprensible toda la profundidad histórico salvífica de la petición del padrenuestro en la que pedimos por el perdón de los pecados como profundamente lo expone Gregorio de Nisa:
Cuando durante la oración miramos (hacia el este) traemos a nuestra memoria nuestro decaer de las luminosas regiones orientales de la bienaventuranza y automáticamente se nos aclara el sentido de las palabras (: perdónanos nuestra deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y no nos dejes caer en la tentación) 19.
Esas “deudas“ que nosotros mismos hemos contraído, provienen de aquella primera falta de Adán de la que sólo la cruz de Cristo pudo redimirnos20. Esto nos lleva a la segunda razón histórico salvífica aducida por los Padres para motivar la antiquísima costumbre de rezar vueltos hacia oriente: es gracias a la acción salvífica de Cristo que la primigenia voluntad creadora de Dios asume realidad escatológica. En su suma de la fe ortodoxa traza Juan Damasceno, heredero de una rica tradición teológica, recorre todo el arco de esa historia de salvación:
No es sin motivo o por casualidad que rezamos vueltos hacia donde se levanta (el sol), sino porque estamos compuestos por una naturaleza visible o física y otra invisible o espiritual, pudiendo ofrecer así al Creador una doble adoración; y por el mismo motivo es que salmodiamos con el espíritu y con los labios y que somos bautizados con el agua y el Espíritu y que estamos doblemente unidos al Señor al participar de los misterios y de la gracia del Espíritu.
Porque Dios es una “Luz” espiritual21 y porque Cristo en las Escrituras es llamado “Sol de justicia”22 y “Luz del oriente”23 por eso se le consagra el oriente para adorarlo. Pues todo lo hermoso debe serle consagrado a Dios, ya que gracias a él todo bien es bueno.
Igualmente el divino David afirma: “Ustedes ricos de la tierra salmodien al Señor que avanza por los cielos de los cielos hacia oriente”24. La Escritura igualmente afirma: “Dios plantó el paraíso en Edén hacia oriente, allí colocó al hombre al que había formado”25, y después de la transgresión lo expulsó y lo “colocó frente al paraíso de delicias”, justamente “hacia poniente”26. En búsqueda de la antigua patria y contemplándola desde lejos es que adoramos a Dios (al rezar vueltos hacia oriente). También la carpa de Moisés tenía la cortina y el propiciatorio dirigidas hacia oriente 27. Igualmente la tribu de Judá, como la más honrada, acampaba hacia el lado por donde se levanta el sol 28. También en el famoso templo de Salomón la puerta del Señor estaba situada al oriente 29.
Así mismo, el Señor crucificado miraba hacia poniente30 y adorándolo miramos (hacia oriente)
. Cuando ascendía hacia el Cielo, planeaba hacia donde se levanta el sol31, y así lo adoraban los Apóstoles y así volverá, como lo vieron desaparecer en el Cielo32, pues el mismo Señor así lo dijo: “Como el relámpago que sale de oriente y brilla hasta el ocaso, así será la venida del Hijo del hombre33. Esperándolo, entonces, a él, oramos vueltos hacia la salida del sol.
Hay que saber que esta tradición de los Apóstoles no fue consignada por escrito, ya que muchas cosas nos las transmitieron oralmente 34.
Lo que a primera vista parece una mera colección de citas de la Escritura con el fin de apoyar la costumbre de orar vueltos hacia oriente, que nos fuera transmitida por tradición oral, demuestra poseer, examinándola más detenidamente, una notable unidad teológica.


Equipo de redacción de En el Desierto
orthroseneldesierto@gmail.com


Notas:
1.Constitutiones Apostolicae II,57,3 (Funk).
2.Orígenes, De Oratione XXXI,1 (y XXXII).
3.Sal 102,22.
4.1 Tm 2,8.
5.Pseudo – Justino Martir, Quaestiones et responsiones ad orthodoxos 118, pregunta p. 129 s.
6.Jn 4,20.
7.Dn 6,20.
8.Jn 4,23.
9.Basilio el Grande, De Spiritu Sanccto XXVII, 66,13 s.
10.Gregorio de Nisa,De Oratione Dominica 5 (PG 44,1184).
11.Basilio el Grande, De Spiritu Sancto XXVII, 66,60 s.
12.Gn 2,8.
13.Gn 3,23 s.
14.Gn 3,24.
15.Didymo, In Genesis VII,16,9 ss.
16.Mt 19,8.
17.Mt 19,4-6.
18.Jn 1,1.
19.Greorio de Nisa, De Oratione Dominica 5 (PG 44,1184 BC).
20.Col 2,14.
21. 1 Jn 1,5.
22. Ml 3,20 (Vulgata Ml 4,2. Aclaración del tr.).
23. Za 3,8; Lc 1,78.
24. Sal 67,34.
25. Gn 2,8.
26. Explicación recabada del texto hebreo de Gn 3,24, y no del griego.
27. Observación basada en Lv 16,14.
28. Nm 2,3. ¡El Mesías es de la tribu de Judá!
29. 1 Cro 9,18.
30. Sin duda deducido de la lectura de Lc 23,45. El sol se oscureció para insinuar que Cristo, “Sol de justicia”, y “Oriente”, se orientaba hacia la muerte, hacia el poniente (hacia el oeste).

31. Comparar Atanasio, In Ps 67,5, donde las palabras, “al que sube sobre el ocaso” son interpretadas en el sentido “el que descendió a los infiernos” (BKV, Atanasio, tomo II, p. 581, Kemten 1875).
Comparar Atanasio, In Ps 67,34 (obra citada, p. 591). Ya que antes había proclamado la pasión de Cristo (vale decir en el v.5) y su descenso a los infiernos, por eso mismo proclama ahora su ascensión a los cielos. Las palabras “hacia oriente” están a modo de comparación. Ya que al igual que el sol sube del poniente hacia levante, el Señor se eleva de las ataduras de la muerte a los cielos de los cielos. Comparar igualmente: Evagrio, In Ps 67,34 (haciendo referencia a Ef 4,10).
32. Hch 1,11.
33. Mt 24,27.
34. Juan Damasceno, De Fide Orthodoxa IV,12 (traducción de H. Hand, BKV 1880, p. 244 ss.).