jueves, 27 de octubre de 2011


Continuación…
Textos de San Máximo El Confesor
Extraídos de "Obras Espirituales de San Máximo El Confesor" - Editorial Ciudad Nueva- Biblioteca de Patrística.
Introducción, traducción y notas por Pablo Argárate


Diálogo Ascético
Texto
  11. Este es el signo del amor de Dios. Y el diablo no habiéndolo podido persuadir de transgredir el mandamiento de ese amor a Dios, mediante lo que le prometió, se esforzó, obrando por medio de los impíos judíos, para que, regresado del desierto, transgrediera el mandamiento del amor al prójimo.

 Por esa razón, mientras enseñaba las sendas de la vida y mostraba con su ejemplo un modo celestial de vivir, y anunciaba la resurrección de los muertos y la vida eterna y el reino de los cielos prometido a los creyentes, y amenazaba a los incrédulos con el castigo eterno, y, mostrando magníficos signos divinos para confirmar lo dicho, llamaba a las multitudes a la fe, el demonio movió en su contra a los impíos fariseos y escribas, que urdían variadas maquinaciones contra él, a fin de que, no pudiendo soportar las pruebas, como él pensaba, se volviese con odio contra quienes lo insidiaban. De este modo el malvado alcanzaría su fin, habiéndolo inducido a transgredir el mandamiento del amor al prójimo.

  12. Pero el Señor conociendo los pensamientos del diablo, porque era Dios, no odió a los fariseos instigados por aquel (¿cómo podría, siendo por naturaleza bueno?), sino que, mediante el amor hacia ellos, se vengaba de quien los instigaba. Y a aquellos que siendo instigados contra él, a aquellos que aunque capaces de resistir, habían soportado por vileza voluntariamente a quien los instigaba, Él los amonestaba, condenaba y reprendía, no cesando de obrar el bien. Blasfemado, perseveraba con magnanimidad; sufriendo, soportaba, mostrando todas las obras del amor hacia ellos, mientras que con el amor hacia los instigados se vengaba del instigador. ¡Oh, combate paradójico!, muestra amor en vez de odio y arroja con la bondad al padre de la maldad. Por eso, habiendo sufrido tales males a causa de aquellos, o para hablar más verdaderamente: por medio de aquellos, luchó humanamente hasta la muerte por el mandamiento del amor, y reportada una perfecta victoria sobre el diablo, se ciñó por nosotros la corona de la resurrección. Y así el nuevo Adán renovó al antiguo.  Es esto lo que dice el divino Apóstol: Tengan en ustedes los mismo sentimientos que Cristo Jesús[1], etc.

13. Este era es el fin del Señor: hecho hombre por nosotros, obedeció al Padre hasta la muerte, guardando el mandato del amor. Y se vengó del diablo, sufriendo por él por medio de los escribas y fariseos instigados por él. Y así, dejándose vencer voluntariamente, venció a aquel que esperaba vencer y arrancó el mundo de su dominio. De este modo, Cristo fue crucificado por su debilidad[2], y por medio de esta debilidad mató a la muerte y aniquiló al que tenía el imperio de la muerte[3]. De la misma manera, Pablo era débil y se gloriaba en sus debilidades para que reposase en él la fuerza de Cristo[4].

14. Conociendo el modo de esta victoria, decía escribiendo a los efesios: no es su lucha contra de la carne y la sangre que tienen que luchar, sino contra los principados y las potencias[5], etc. A todos los que mantienen la guerra contra los enemigos invisibles, los exhortaba a revestirse con la coraza de la justicia, el casco de la esperanza, el escudo de la fe y la espada del espíritu[6], para que puedan extinguir todos los dardos encendidos del malvado.   Y mostrando con el ejemplo la manera de luchar, decía: Yo corro así, no inciertamente; es así que yo pego, pero sin pegar en el aire, sino que mortifico mi cuerpo y lo esclavizo, para que, habiendo proclamado a los otros, no sea yo mismo reprobado[7]. Y aún hasta esta hora sufrimos el hambre, la sed, la desnudez, y nosotros mismo somos maltratados[8].  Y también dijo: ...en trabajo y fatiga, vigilias frecuentes, frío y desnudez, y sin hablar del resto[9].

15. Luchó en este combate contra los demonios que excitan los placeres carnales, usando la debilidad de su propia carne para ponerlos en fuga. Pero, para otros demonios que combaten por fomentar el odio, y a este efecto excitan a los negligentes, contra los piadosos, para que tentados por aquellos, los odien y así transgredan el mandamiento del amor, nuevamente, mostrándonos el modo de vencer, con las obras, dice: Injuriados, bendecimos; perseguidos, soportamos; calumniados, consolamos. Hemos llegado a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos[10].
 Eran los demonios quienes sugerían que lo injuriasen, blasfemasen y persiguiesen, para moverlo a odiar a los que lo injuriaban, blasfemaban o perseguían, teniendo por fin el que transgrediese el mandamiento del amor. Pero el apóstol, no desconociendo sus pensamientos, bendecía a los que lo injuriaban, soportaba a los que lo perseguían, y a los que blasfemaban los exhortaba a apartarse de los demonios que los instigaban y a reconciliarse con el buen Dios. Y por este tipo de victoria, vencía a los instigadores, venciendo el mal siempre con el bien[11], a imitación del Salvador. Así él y los demás apóstoles reconciliaron todo el mundo con Dios, liberándolo de los demonios, venciendo a través de la derrota a los que esperaban vencer.
Si tú también, hermano, alcanzas este fin, podrás amar a los que te odian; de modo contrario es imposible.


16 El hermano dijo: “En verdad, padre, es así y no de otro modo. Y por esto el Señor, blasfemado, abofeteado y sufriendo todas las otras cosas que sufrió de parte de los judíos, soportaba, teniendo piedad de aquellos como ignorantes y extraviados. Por eso también dijo sobre la cruz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen[12]. Y triunfando sobre la cruz, sobre la perfidia y el engaño del diablo y sus secuaces, luchando hasta la muerte a causa de ellos, como dijiste, por el mandamiento del amor, nos concedió la victoria contra ellos, y destruyendo el imperio de la muerte, dio a todo el mundo su resurrección para la vida.
Ora por mí, padre, para que tenga fuerza para comprender perfectamente el fin del Señor, y de sus apóstoles y pueda ser sobrio en los tiempos de la tentación, y no ignorar los designios del diablo y sus demonios.

17. El anciano respondiendo, dijo: "si meditas siempre lo que hemos dicho, podrás no ignorarlos.  Pero si también comprendes que como tú eres tentado, también lo es tu hermano; y si perdonas al que es tentado y te opones al que quiere tentarte, moviéndote a odiar al que es tentado, no obedeciendo sus maquinaciones.  Este es lo que dice Santiago, el hermano del Señor, en las cartas católicas: Sométanse a Dios, opóngase al diablo y él huirá de vosotros[13]. Y si meditas, como he dicho, continua y vigilantemente lo expresado, podrás conocer el fin del Señor y sus apóstoles, amar a los hombres y compadecerte de los que caen, y luchar incesantemente contra los malvados demonios, mediante el amor.
 Pero si, por el contrario, somos negligentes, perezosos, despreocupados y oscurecemos la razón por lo placeres carnales, combatiremos, no en contra de los demonios, sino contra nosotros mismos y contra los hermanos; por estas cosas cuidamos, más bien, de los demonios, combatiendo por ellos contra los hombres".

18. El hermano dijo: "Así es, padre, y en verdad los demonios siempre toman de mi negligencia ocasiones contra mí, pero te ruego padre, que me digas cómo debo adquirir la sobriedad
  El anciano respondió: "El perfecto abandono de las cosas terrenas y la continua meditación de las divinas escrituras llevan el alma al temor de Dios, y el temor de Dios lleva a la sobriedad. Y entonces el alma empieza a ver a los demonios que la combaten mediante pensamientos y los rechaza. De ellos decía David: Y mi ojo vio a mis enemigos[14].  También Pedro, el príncipe de los apóstoles, incitando a sus discípulos a esta lucha, decía: estad sobrios y vigilad porque nuestro adversario, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar, resístanle firmes en la fe[15].  Y también el Señor: Velad y orad, para no caer en tentación[16].  El Eclesiastés dice: Si un espíritu del que tiene poder viene sobre ti, no abandones tu lugar[17]. El lugar del nous es la virtud, la ciencia y el temor de Dios. El admirable Apóstol, con gran sobriedad y luchando valerosamente, decía: Andando en la carne, no militamos según la carne; las armas de nuestra militancia no son carnales sino poderosas, por la fuerza de Dios, para destruir las fortalezas; abatiendo los pensamientos malvados y toda exaltación que se levanta en contra del conocimiento de Dios, sujetando todo pensamiento a la obediencia de Cristo y estando prontos a vengar toda desobediencia[18].
Si tú imitas a los santos y te consagras esforzadamente a Dios, tendrás la sobriedad".

19. El hermano preguntó: "¿Qué cosa he de hacer, padre, para estar consagrado incesantemente a Dios?"
  El anciano respondió: "Es imposible al nous consagrarse perfectamente a Dios si no adquiere estas tres virtudes: el amor, la continencia y la oración.
 El amor amansa la ira, la continencia a la concupiscencia, y la oración aparta del nous todos los pensamientos y lo ofrece, desnudo al Señor. Estas tres virtudes comprenden todas las otras; y sin ellas, el nous no puede consagrarse a Dios.

20. El hermano dijo: "Te suplico, padre, que me enseñes cómo el amor amansa la ira".
 El anciano respondió: "Porque es propio del tener misericordia, hacer el bien al prójimo, ser magnánimo hacia él, soportar sus ofensas, como hemos dicho muchas veces.  El amor, teniendo estas cosas, amansa la ira de quien la ha adquirido".
 El hermano dijo: "no son pequeñas sus obras, y feliz el que pueda conseguirlo.  Yo en verdad, estoy lejos de él (el amor).  Y ahora, te ruego padre, que me digas qué es ser longánimo".
Continuará…
Equipo de redacción: “En el Desierto”,
agradece el aporte
al hno. Pablo Argárate" 



[1] Flp  2, 5
[2] 2 Co 13, 4
[3] Hb 2, 14
[4] 2 Co 12, 9
[5] Ef  6, 12
[6] Ef  6, 11
[7] 1 Co 9, 26- 27
[8] 1 Co 4, 11
[9] 2 Co 11, 27
[10] 1 Co 4, 12- 13
[11] Rm 12, 21
[12] Lc  23, 34
[13] St  4, 7
[14] Sal  53, 9
[15] 1 P  5, 8
[16] Mt  26, 41
[17] Si  10, 4
[18] 2 Co  10, 3- 6

viernes, 21 de octubre de 2011


Iniciamos la presentación de algunos textos de San Máximo El Confesor
Extraídos de "Obras Espirituales de San Máximo El Confesor" - Editorial Ciudad Nueva- Biblioteca de Patrística.
Introducción, traducción y notas por Pablo Argárate



Diálogo Ascético
Texto
1. Un hermano interrogó a un anciano, diciéndole: "Te suplico, padre, que me digas cuál era el fin[1] de la encarnación del Señor".
  El anciano, respondiendo, dijo: "Me asombro de ti, hermano que, escuchando cada día el Símbolo de la Fe, me interrogas acerca de esto. Pero te digo que el fin de la encarnación del Señor era nuestra salvación".
  El hermano dijo: "¿Cómo dices, padre?
  Respondió el anciano: "Después que el hombre, creado en el principio por Dios y puesto en el Paraíso, hubo transgredido el mandamiento, fue sometido a la ruina y a la muerte. Luego, a pesar de ser guiado por la variada providencia de Dios de generación en generación, siguió progresando en el mal y, por las diversas pasiones de la carne fue llevado a desesperar de la vida. Por esto el Hijo  unigénito de Dios, el Logos de Dios Padre, anterior al tiempo, la fuente de vida y de la inmortalidad, se nos manifestó a los que yacíamos en tinieblas y en la sombra de la muerte[2] y, encarnándose del Espíritu Santo y de la Santa Virgen, nos mostró la conducta de la vida divina, dándonos los santos mandamientos, prometiendo el Reino de los Cielos a aquellos que viviesen de acuerdo con estos, y el castigo eterno a los transgresores. Y, sufriendo la Pasión salvífica y resucitando de entre los muertos nos concedió la esperanza de la resurrección y de la vida eterna, liberándonos, por medio de la obediencia, de la condena del pecado original, anulando con la muerte, el poder de la muerte[3], para que, así como todos mueren en Adán, de esa manera todos sean vivificados en él[4].  Y subiendo a los cielos, sentándose a la derecha del Padre, envió al Espíritu Santo como prenda de Vida, para iluminación y santificación de nuestras almas y para el auxilio de los que, a causa de su propia salvación, luchan por observar sus mandamientos. Éste era, para decirlo resumidamente, el fin de la encarnación del Señor.

   2. El hermano dijo: "Quiero escuchar, brevemente, cuáles son los mandamientos que debo observar para ser salvado por ellos."
  El Anciano respondió: "El Señor mismo dijo a los Apóstoles luego de su Resurrección: Vayan y enseñen a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo cuanto les he mandado[5]. Es necesario que todo hombre bautizado en el nombre de la Vivificante y Divina Trinidad guarde todo cuanto les he mandado. Por esto el Señor unió la observancia de todos los preceptos a la fe recta, sabiendo que es imposible que uno privada del otro pueda salvar al hombre. También por eso David, poseyendo una fe recta, dijo al Señor: Me dirigí a todos tus mandamientos y odié toda senda de injusticia[6]
Pues todos los mandamientos nos han sido dados por el Señor contra toda senda de iniquidad, y si uno solo es transgredido conduce a la senda opuesta, la del vicio.

  3. Dijo el hermano: "¿Quién, padre, puede guardar todos los mandamientos, siendo tantos?
  El anciano le respondió; "el que imita al Señor y sigue sus pasos"
  Dijo el hermano: ¿Y quién puede imitar al Señor? El Señor era Dios, aún si también se hizo hombre, pero yo soy un hombre pecador y esclavizado por innumerables pasiones, ¿cómo puedo, pues, imitar al Señor?
  El anciano respondió: "ninguno de los que están esclavizados por la materia del mundo puede imitar al Señor, sino sólo aquellos que pueden decir: He aquí que hemos dejado todo, y te hemos seguido[7]. Ellos reciben la fuerza para imitar al Señor y guardar todos sus mandamientos"
  Dijo el hermano: "¿qué fuerza?"
  Respondió el anciano: "Escucha a quien dice: He aquí que les he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia del enemigo, y nada les podrá dañar... [8]"

   4. Pablo, recibiendo esa fuerza y poder decía: "Háganse imitadores míos, como yo lo soy de Cristo"[9] y también, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los cuales andan no según la carne sino según el Espíritu[10]y también: los que son de Cristo crucificaron la carne junto con las pasiones y las concupiscencias[11], o para mí el mundo está crucificado y yo al mundo[12].

  5. Acerca de esta facultad y de esta ayuda dijo David, profetizando: El que reside al abrigo del Altísimo habitará bajo la protección del Dios del Cielo. El dirá al Señor: ‘Eres mi protector y mi refugio, Dios mío, confiaré en El’[13].
 Y más adelante: caminarás sobre áspides y serpientes,  pisarás al león y a la serpiente; porque ha ordenado a sus ángeles velar sobre ti, guardarte en todos tus caminos[14].
 Pero escucha, qué cosas oyen de Él, quienes están adheridos a la carne y aman la materia del mundo: El que ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí[15], y poco después: El que no toma su Cruz y me sigue, no es digno de mí y Aquel que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo[16].  El que desea ser su discípulo, ser encontrado digno de Él y recibir de Él el poder contra los espíritus del mal debe apartarse de toda relación carnal y despojarse de toda pasión material; así luchará contra los enemigos invisibles por sus  mandamientos; así como el mismo Señor se nos ofreció como ejemplo, cuando en el desierto fue tentado por el jefe de aquellos ‘los espíritus de mal’ y cuando venido al mundo ‘fue instigado’ por los poseídos por él.

6. Y el hermano dijo "son muchos, padre, los mandamientos del Señor, ¿quién puede tenerlos presentes a todos en el nous, para luchar por ellos?  ¡Cuánto más yo, pobre de nous! Me gustaría oír una breve exposición para poder retenerla y así, mediante ella, ser salvado".
  El anciano respondió: Aunque son muchos, hermano, están resumidos en un mandamiento: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como ti mismo[17]. Quien luche por guardar esta palabra, cumple a la vez con todos los mandamientos. Quien no se ha desprendido de las pasiones de las cosas materiales, como se ha dicho, no puede amar verdaderamente ni a Dios ni al prójimo, porque es imposible estar apegado a la materia y amar a Dios al mismo tiempo.  Y esto es lo que dice el Señor: Nadie puede servir a dos señores...[18] y...nadie puede servir a Dios y a Mammón[19]. Nuestro nous está adherido a las cosas del mundo, en la medida en que es esclavizado por ellas y, transgrediendo el mandamiento de Dios, lo desprecia.

   7. El hermano dijo: "¿de qué cosas hablas padre?"
 El anciano respondió: "del alimento, las posesiones, las riquezas, los parientes, las alabanzas y del resto”.
 Dime padre: ¿acaso no creó Dios estas cosas y se las dio a los hombres para su uso?; ¿cómo, entonces, quiere que se abstenga de ellas?".
  El anciano respondió: "Es claro que Dios creó estas cosas y las dio a los hombres para su uso. Y todas las cosas creadas por Dios son buenas, para que usando de ellas rectamente, agrademos a Dios. Pero nosotros, que somos débiles y terrenales (materiales) en la mente, preferimos las cosas materiales al mandamiento del amor; y, adheridos a aquellas, combatimos a los hombres;  mientras que deberíamos preferir[20] el amor por todos los hombres a todas las cosas visibles, y aún a nuestro cuerpo. Esta preferencia es signo de nuestro amor a Dios, como el mismo Señor nos muestra en los Evangelios: El que me ama guardará mis mandamientos[21]y cuál es el precepto que nos llevará a amarlo, escúchalo de sus propias palabras: éste es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros[22].
   ¿Ves que el amor mutuo produce el amor a Dios, el cual es el cumplimiento de todos el mandamiento de Dios?[23]. Por esto Él manda que el que desea ser su discípulo no se apegue a estas cosas, sino que renuncie a todo lo que posee[24].

   8 El hermano dijo: "has dicho, padre, que debemos preferir el amor a todo hombre, sobre el amor a las cosas visibles, incluso al cuerpo. Pero, ¿cómo puedo amar al que me odia y rechaza? Y si me envidia, me lanza injurias, prepara engaños y me tiende insidia, ¿cómo podré amarlo? Me parece que esto es imposible por naturaleza, padre, porque el dolor del sufrimiento nos fuerza naturalmente a rechazar al que nos aflige".
    El anciano respondió: "es verdaderamente imposible a los reptiles y a las bestias feroces, que son conducidas por la naturaleza, oponerse, mientras pueden, a aquel que las hace sufrir; pero aquellos que han sido creados a la imagen de Dios, y que son conducidos por la razón y que han sido hechos dignos de conocer a Dios, y que han recibido de Él su ley, es posible no rechazar a los que los afligen, y amar a los que los odian.  Por eso el Señor dice: Amen a sus enemigos, Hagan el bien a los que los odian...[25]etc. Manda esto no como algo imposible sino como posible; si así no fuera, no castigaría al transgresor. Esto nos lo manifiesta el mismo Señor, mostrándolo con sus mismas obras, y también todos sus discípulos, quienes lucharon hasta la muerte por el amor al prójimo y oraron fervientemente por sus asesinos.
Pero como nosotros, que somos amantes de la materia y de los placeres, preferimos estas cosas al mandamiento, por eso no podemos amar a los que nos odian. Por el contrario, muchas veces, incluso nos oponemos a los que nos aman, y a causa de esto somos peores que las bestias salvajes y los reptiles. Y por eso, no pudiendo seguir las huellas de Dios, somos también incapaces de conocer su fin, cuyo conocimiento sería nuestra fuerza.

  9. El hermano dijo: "he aquí, padre, que he dejado todo, parentela, bienes, placeres y la gloria del mundo y nada poseo en la vida, excepto mi cuerpo; y aún no puedo amar al hermano que me odia y me rechaza, aunque me esfuerzo por no devolverle el mal por mal.  Dime qué necesito hacer para que pueda amarlo de corazón, aún si de algún modo me aflige e insidia".
  El anciano respondió: "Es imposible que alguien ame al que lo aflige, aunque le parezca haber renunciado a las cosas del mundo, a menos que conozca verdaderamente el fin del Señor.
 Pero si el Señor le ha concedido poder conocerlo, y si se empeña en andar según él (ese fin), podrá amar de corazón al que lo odia y aflige; como los apóstoles, que lo conocían, lo amaron.

 10. Dijo el hermano:.. “deseo, padre, conocer cuál era el fin del Señor"
  Respondió el anciano: "Si quieres conocer el fin del Señor, escucha con inteligencia: Nuestro Señor Jesucristo, siendo Dios por naturaleza, se dignó hacerse hombre por amor al hombre[26], nacido de una mujer y bajo la ley, según dice el divino apóstol[27]para que el hombre, guardando el mandamiento, anulase la antigua maldición de Adán. Sabiendo el Señor que toda la ley y los profetas penden de los dos preceptos de la ley: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y al prójimo como ti mismo[28], se esforzó desde el principio hasta el fin en observarlos humanamente.  Y aquel que en el principio engañó al hombre y por eso tuvo el imperio de la muerte, el diablo, viendo a aquel de quien el Padre da testimonio en el bautismo, y recibiendo del cielo, en tanto hombre el Espíritu Santo connatural a Él; y yendo al desierto para ser tentado por él, concentró contra Él todo su combate, por si pudiese hacer que antepusiera la materia del mundo al amor a Dios.  Sabiendo el diablo que existen tres cosas por las cuales toda la humanidad es turbada, a saber: el alimento, las riquezas y el honor, y por medio de las cuales condujo siempre a los hombres a los abismos de la perdición; en estas tres cosas lo tentó en el desierto.  Pero nuestro Señor, manifestando ser más fuerte que ellas, ordenó al demonio retirarse.

Continuará…
Equipo de redacción: “En el Desierto”,
agradece el aporte
al hno. Pablo Argárate" 



[1]Skópos” puede ser traducido como fin u objetivo.
[2] Is  9, 2 ; Mt  4, 16
[3] Hb  2, 14
[4] 1 Co  15, 24
[5] Mt  28, 19- 20
[6] Sal  118, 129
[7] Mt 19, 27
[8] Lc  10, 19
[9] Flp  3, 17
[10] Rm  8, 1
[11] Ga  5, 24
[12] Ga 6, 14
[13] Sal  90, 1- 2
[14] Sal 90, 11- 13
[15] Mt  10, 37
[16] Lc  14, 33- 34
[17] Mc  12, 30
[18] Mt  6, 24
[19] Lc  16, 13
[20] La temática de la preferencia es muy recurrente en las Centurias sobre la Caridad. Amar a Dios es preferirlo al mundo, y lo mismo sucede con el amor a los hombres. Cf., tan sólo a modo de ejemplo: Char I, 1,4. Por el contrario el pecado consiste en anteponer el amor al mundo y a la materia al amor a Dios. Cf. I, 5, 7, 8.
[21] Jn 14, 15
[22] Jn 15, 12
[23] Rm  13, 10
[24] Aquí se ve con claridad el orden de los distintos planos. La liberación de la materia lleva al amor al prójimo; y éste, al amor a Dios. Por el contrario, la adhesión a las cosas materiales lleva a combatir al prójimo y, así, a faltar al amor a Dios.
[25] Mt  5, 44; Lc  6, 27
[26]philanthropía
[27] Ga  4, 4
[28] Mt  22, 37-40