jueves, 15 de septiembre de 2011


DOMINGO DE PASCUA EN LA TARDE
VÍSPERAS

Indicaciones
Sac.: Gloria a la Santísima Trinidad, consustancial e indivisible, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.

El sacerdote canta tres veces el tropario pascual “Cristo resucitó”, y por el coro sin los versículos. Luego el sacerdote dice los siguientes versículos, incensando alrededor de la santa mesa y todo el santuario, los iconos del Señor y al pueblo desde las puertas.
Después de cada versículo el coro canta el tropario.

Stijera
Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen.
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Como se disipa el humo, disípense; como se derrite la cera ante el fuego.
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Así perecen los impíos ante el Rostro de Dios, pero los justos se regocijarán,
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Éste es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos.
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Sac.: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Coro: ¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!
Sac.: Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: ¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!
Sac.: ¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte!
Coro: ¡Y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Letanía, como en p. 3.
Posteriormente se canta el salmo 140. Al comenzar éste, el sacerdote sale del santuario con la cruz y el cirio, e inciensa a todos los fieles.

Troparios
Se cantan los siguientes troparios, intercalando entre ellos versículos tomados de los salmos 129 (130) y 116 (117).

Tono II
Vers.: Si consideras las iniquidades, Señor, Señor, ¿quien resistirá? Porque de ti viene el perdón.
Venid adoremos al que ha nacido del Padre antes de los siglos, al Verbo Dios, que se encarnó de la Virgen María. Pues habiendo soportado la cruz, fue entregado al sepulcro como Él quiso; y resucitado de entre los muertos, me salvó a mí, el hombre descarriado.

Vers.: Por causa de tu nombre esperé en ti Señor; mi alma esperó en tu palabra, mi alma espero en el Señor.
Cristo, nuestro Salvador, habiendo sido clavado en la cruz destruyó el documento contrario a nosotros, y anuló el poder de la muerte. ¡Adoramos su Resurrección al tercer día!

Vers.: Desde la mañana hasta la noche; desde la mañana espere Israel en el Señor.
Cantemos con los Arcángeles la resurrección de Cristo; pues Él es el Redentor y el Salvador de nuestras almas, y vendrá de nuevo con terrible gloria y fuerte poder a juzgar al mundo que formó.

Vers.: Porque junto al Señor está la misericordia y la redención copiosa, y él redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
A ti, que fuiste crucificado y sepultado, el ángel te proclamó “Soberano” y dijo a las mujeres: Venid, ved donde yacía el Señor, pues resucitó como dijo, porque es omnipotente. Por esto te adoramos a ti, único Inmortal. Cristo, Dador de Vida, ten misericordia de nosotros.

Vers.: Alabad al Señor todos los pueblos, alabadlo todos las naciones.
En tu cruz anulaste la maldición del madero; en tu sepultura diste muerte al poder de la muerte; en tu resurrección iluminaste al género humano. Por eso clamamos: ¡Cristo nuestro Dios y bienhechor, gloria a ti!

Vers.: Porque  su misericordia ha sido afirmada sobre nosotros y la verdad del Señor permanece para siempre.
Se te abrieron, oh Señor, con temor las puertas de la muerte. Los porteros del infierno quedaron atónitos al verte, pues quebrantaste las puertas de bronce, destruiste los cerrojos de hierro, nos sacaste de las tinieblas y sombras de la muerte, y rompiste nuestras ligaduras.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Cantando el himno de salvación entonen nuestros labios: Venid todos, postrémonos en la casa del Señor diciendo: Oh Tú, que  fuiste crucificado sobre un madero y resucitaste de entre los muertos y que estás en el seno del Padre, sé propicio con nuestros pecados.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Theotokíon
Pasó la sombra de la Ley, una vez venida la gracia; pues así como la zarza ardiendo no se consumía, así tú siendo Virgen, diste a luz y permaneciste Virgen; en vez de la columna de fuego, resplandeció para nosotros el Sol de justicia; y en vez de Moisés, Cristo, la salvación  de nuestras almas.

entrada con el Evangelio
Se canta lentamente el  himno “Luz gozosa”, que está en la p. 6. Luego se canta el gran prokimenon y el sacerdote entra en el santuario.

Prokimenon (Tono grave): ¿Qué Dios hay grande como nuestro Dios? ¡Tú eres el único Dios que haces maravillas!
Vers. 1: Diste a conocer tu poder entre los pueblos.
Vers. 2: Y dije: Ahora comencé. Éste es el cambio de la diestra del Altísimo.
Vers.3:  Me acordé de las obras del Señor.

Luego el diácono dice lo siguiente:

Diác.: Para que seamos dignos de escuchar el Santo Evangelio, roguemos al Señor, nuestro Dios.
Coro: ¡Señor, ten piedad! ¡Señor, ten piedad! ¡Señor, ten piedad!
Diác: ¡Sabiduría, escuchemos de pie el Santo Evangelio!
Sac.: La paz  sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Sac.: Lectura del Santo Evangelio según san Juan (20, 19-25).
Coro:  ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!
Diác.: ¡Estemos atentos!

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros».Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Coro: ¡Gloria a ti, Señor, gloria a ti!

En las iglesias eslavas se acostumbra leer este evangelio en distintas lenguas.
Luego el diácono situado en el lugar acostumbrado comienza las letanías.

Letanía como en p. 34.
Al terminar se reza la siguiente oración:

Dígnate, Señor, conservarnos esta tarde sin pecado.
Bendito eres Señor, Dios de nuestros padres, bendito y alabado es tu nombre por los siglos, amén.
Sea tu  misericordia sobre nosotros, así como hemos confiado en ti.
Bendito eres Señor, enséñame tus mandamientos.
Bendito eres Soberano, hazme comprender tus juicios.
Bendito eres, oh Santo, ilumíname con tu justicia.
Señor tu misericordia permanece para siempre, no desprecies la obra de tus manos.
A ti se debe la alabanza, a ti se deben los himnos, a ti pertenece la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Luego sigue otra letanía, como está en la p. 31. Después del “A ti, Señor” el sacerdote dice la siguiente oración:

Señor Dios nuestro, que inclinaste los cielos y bajaste para la salvación del género humano, mira a tus siervos y a tu heredad.. Ante ti, el Juez temible y amante del hombre, tus siervos inclinaron sus cabezas y sometieron sus cervices; no aguardando el auxilio de los hombres, sino esperando tu misericordia, y tu ansiada salvación;  guárdalos en todo tiempo, en esta tarde y en esta noche, de todo enemigo, de toda potencia diabólica adversaria, de los vanos pensamientos y de las malas consideraciones.
Sea bendito y glorificado el poder del Reino, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.


VERSÍCULOS PASCUALES
Se canta el versículo de la resurrección en tono II:

Tu resurrección, oh Cristo Salvador, iluminó a todo el Universo, y volvió a llamar a tu creatura, ¡oh Señor Todopoderoso, gloria a ti!

El lector y el coro alternan los versículos de la Pascua con los himnos siguientes:
Tono V
Vers.: Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le aborrecen.
Hoy se nos ha manifestado la Pascua sagrada; Pascua nueva; Pascua mística, Pascua santísima, Pascua, Cristo el Redentor; Pascua inocente; Pascua grande; Pascua de los fieles; Pascua que nos abrió las puertas del Paraíso; Pascua que santifica a todos los fieles.

Vers.: Como se desvanece el humo, así se disipan, como se derrite la cera ante el fuego.
Venid de la visión, oh mujeres heraldas de la buena nueva, y decidle a Sión: “Recibid de nosotros las buenas noticias[1] de la alegría de la resurrección de Cristo. ¡Oh Jerusalén, regocíjate, danza y alégrate contemplando a Cristo tu Rey, saliendo del sepulcro como un Esposo!

Vers.: Así perecerán los impíos ante el Rostro de Dios, pero los justos se regocijarán.
Las mujeres portadoras de mirra fueron al alba al sepulcro del que da la Vida, y encontraron un ángel sentado sobre la piedra y que les dijo así: ¿Por qué buscáis al Viviente entre los muertos? ¿Por qué lloráis al Incorruptible como si estuviese en la corrupción? ¡Id y anunciadle a sus discípulos!

Vers.: ¡Éste es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él!
¡La Pascua alegre, la Pascua del Señor, Pascua! Ha surgido para nosotros una Pascua santísima, Pascua en la cual nos abrazamos unos a otros con alegría; ¡Pascua rescate de la tristeza!, y esto porque hoy Cristo brilló desde el sepulcro como desde la cámara nupcial, y llenó de alegría a las mujeres diciéndoles: ¡Anunciadle a los apóstoles!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
¡Hoy es el día de la resurrección! Resplandezcamos con la fiesta! Abracémonos unos a otros. Digamos hermanos también a los que nos odian; Perdonemos  todo por la resurrección. Y clamemos así: “Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte; y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros”.

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros! (3 veces).

Diác.: ¡Sabiduría!
Coro: Bendice.
Sac.: El que es bendito, Cristo nuestro Dios, en todo tiempo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Confirma, oh Cristo Dios, la santa y ortodoxa fe de los piadosos y ortodoxos cristianos, con esta tu santa iglesia (o monasterio) por los siglos de los siglos.
Sac.: Santísima Madre de Dios, sálvanos.
Coro: Tú eres más honorable que los Querubines, e incomparablemente más gloriosa que los Serafines. Tú que sin corrupción diste a luz al Verbo de Dios; verdaderamente eres la Madre de Dios y a ti te engrandecemos.
Sac.: ¡Gloria a ti, Cristo Dios, esperanza nuestra, gloria a ti!
Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
¡Señor, ten piedad! ¡Señor, ten piedad! ¡Señor, ten piedad!
Bendice Padre santo.

El sacerdote pronuncia la bendición final:
Cristo, nuestro verdadero Dios, que resucitó de entre los muertos, por las oraciones de su purísima Madre, por la virtud de la venerable y vivificadora cruz, por la protección de los poderes celestiales e incorpóreos, por las oraciones del glorioso profeta y precursor, san Juan Bautista; de los santos gloriosos e ilustres apóstoles; de los santos gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros santos y teóforos Padres, de las santos y piadosos antecesores de Cristo, Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y nos salve, como Dios bueno y misericordioso que ama a la humanidad.
Por las oraciones de nuestros santos Padres, Señor Jesucristo Dios nuestro, ten misericordia de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.

El sacerdote, alzando la cruz en voz alta dice al pueblo por tres veces: “Cristo resucitó” y los fieles le responden:  ”Verdaderamente resucitó”.
El sacerdote agrega: “Gloria a su santa Resurrección al tercer día”
Los fieles contestan: Adoramos su Resurrección al tercer día.
Finalmente una vez más en esta noche el tropario pascual:

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Equipo de redacción: “En el Desierto”



[1] el evangelio

viernes, 9 de septiembre de 2011


EN LOS OFICIOS DE LAS HORAS DE PASCUA,
COMPLETAS Y DE MEDIA NOCHE

Estas horas se cantan  desde este domingo de Pascua hasta el sábado siguiente.
Sac.: Bendito es nuestro Dios, en todo tiempo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Lector: Amén.
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Habiendo visto la Resurrección de Cristo, prosternémonos ante el Santo Señor Jesús, el único exento de pecado. Tu cruz, oh Cristo, adoramos, y tu santa Resurrección alabamos y glorificamos; porque tú eres nuestro Dios, y fuera de ti no conocemos a ningún otro, tu Nombre invocamos.
¡Venid fieles, todos, adoremos la santa Resurrección de Cristo, porque por la cruz entró la alegría al mundo entero. Te bendecimos en todo tiempo, Señor, y alabamos tu Resurrección, porque padeciendo la cruz por nosotros, destruiste la muerte con la muerte!

Al alba fueron las mujeres que estaban con María, y encontrando la piedra del sepulcro movida, oyeron del ángel: “Al que está en la Luz eterna ¿por qué lo buscáis entre los muertos? Mirad los lienzos de la sepultura; ¡corred y proclamad al mundo que el Señor ha resucitado, matando a la muerte, porque es el Hijo de Dios, que salva a toda la humanidad!

Aunque descendiste al sepulcro, oh Inmortal; destruiste el poder del infierno y resucitaste como vencedor, ¡oh Cristo Dios!, y dices a las mujeres portadoras de mirra: “¡Alegráos!” y otorgas la paz a tus apóstoles. ¡Tú que concedes la resurrección a los caídos!

Oh Cristo, estás en el sepulcro corporalmente, en el infierno con el alma como Dios, en el Paraíso con el Ladrón, y en el trono con el Padre y el Espíritu, llenando todo, oh Incircunscribible.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Oh Cristo, tu sepulcro, la fuente de nuestra resurrección, se ha mostrado Vivificador, realmente más hermoso que el Paraíso, y más luminoso que toda cámara real.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Alégrate, tú que eres divina morada santificada del Altísimo; pues por medio de ti ha sido dada la alegría a los que claman: “¡Bendita eres entre las mujeres, oh Señora, exenta de toda mancha!”.
¡Señor, ten piedad! (40 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Tú eres más honorable que los Querubines, e incomparablemente más gloriosa que los Serafines. Tú que sin corrupción diste a luz al Verbo de Dios; verdaderamente eres la Madre de Dios y a ti te engrandecemos.

En el Nombre del Señor, bendice Padre.
Sac.: Por las oraciones de nuestros santos Padres, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros. Amén.

Cristo, nuestro verdadero Dios, que resucitó de entre los muertos, por las oraciones de su purísima e inocentísima Madre, de los santos gloriosos e ilustres apóstoles; de nuestros santos y teóforos Padres, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y nos salve, como Dios bueno y misericordioso que ama a la humanidad.
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

En el oficio de completas (Apodeipnos) después de “por las oraciones” se dice la siguiente oración[1]:

Bendito eres, oh Soberano todopoderoso, que iluminaste el día con la luz del sol e iluminaste la noche con el resplandor del fuego. Tú que nos concediste pasar este día y acercarnos a los principios de la noche, escucha nuestra súplica y la de todo tu pueblo. Perdona todos nuestros pecados, voluntarios e involuntarios, y acepta nuestra súplica vespertina; envía a tu heredad la multitud de tu misericordia y compasión. Protégenos con tus santos ángeles, ármanos con las armas de tu justicia, rodéanos con tu verdad, guárdanos con tu poder, líbranos de todo mal y conspiración del adversario; concédenos que esta tarde, la noche venidera y todos los días de nuestra vida, sean perfectos, en paz, sin pecado, sin tropiezos, ni imaginaciones vanas. Por la intercesión de la Santa Madre de Dios y de todos los santos que te agradaron  desde los siglos. Amén.
¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!
¡Resucitó del Sepulcro Jesús, el Señor, como había predicho, concediéndonos la Vida eterna y la gran misericordia!
Se termina con la bendición.
Equipo de redacción: “En el Desierto”


[1] Atribuida a san Basilio.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cien publicaciones

En este día podemos contar con la publicación número 100 de orthroseneldesierto.blogspot.com

¡Gracias a tod@s nuestr@s seguidores, Dios los bendiga!




LAS ALABANZAS

¡Todo lo que respira que alabe al Señor!

Alabad al Señor del cielo, alabadle en las alturas, a ti pertenece la alabanza, ¡oh Dios!

Alabadle todos sus ángeles, alabadle todos sus ejércitos, ¡a ti pertenece la alabanza oh Dios!

¡Alabadlo todos sus ángeles; alabadlo todas sus potencias, ¡a ti pertenece la alabanza oh Dios!


Stijera de la Resurrección (tono I)

Vers. 1:¡Alabadlo por sus potencias, alabadlo según la multitud de su magnificencia!

Alabamos, oh Cristo, tu salvífica pasión y glorificamos tu resurrección.

Vers. 2: ¡Alabadle al son de la trompeta, alabadle con salterio y cítara!

Tú, que soportaste la cruz, aniquilaste la muerte y resucitaste de entre los muertos, pacifica nuestras vidas, oh Señor, porque eres el único Omnipotente.

Vers. 3: ¡Alabadle con tímpanos y flauta; alabadle con instrumentos de cuerda y con órgano!

Oh Cristo, que despojaste al infierno y levantaste el hombre por tu resurrección, haznos dignos de alabarte y glorificarte con corazón puro.

Vers. 4: ¡Alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos de júbilo! ¡Todo lo que respira que alabe al Señor!

Oh Cristo, te alabamos, glorificando tu divina condescendencia. Naciste de la Virgen sin separarte del seno del Padre. Padeciste como hombre, y soportaste la cruz voluntariamente. Resucitas del sepulcro como saliendo de la cámara nupcial, para salvar al mundo. ¡Señor, gloria a ti!

Stijera de Pascua

El lector y el coro alternan los versículos de la Pascua con los himnos siguientes en tono V.

Vers.: Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le aborrecen.

Hoy se nos ha manifestado la Pascua sagrada; Pascua nueva; Pascua mística, Pascua santísima, Pascua, Cristo el Redentor; Pascua inocente; Pascua grande; Pascua de los fieles; Pascua que nos abrió las puertas del Paraíso; Pascua que santifica a todos los fieles.

Vers.: Como se desvanece el humo, así se disipan, como se derrite la cera ante el fuego.

Venid de la visión, oh mujeres heraldas de la buena nueva, y decidle a Sión: “Recibid de nosotros las buenas noticias[1] de la alegría de la resurrección de Cristo. ¡Oh Jerusalén, regocíjate, danza y alégrate contemplando a Cristo tu Rey, saliendo del sepulcro como un Esposo!

Vers.: Así perecerán los impíos ante el Rostro de Dios, pero los justos se regocijarán.

Las mujeres portadoras de mirra fueron al alba al sepulcro del que da la Vida, y encontraron un ángel sentado sobre la piedra y que les dijo así: ¿Por qué buscáis al Viviente entre los muertos? ¿Por qué lloráis al Incorruptible como si estuviese en la corrupción? ¡Id y anunciadle a sus discípulos!

Vers.: ¡Éste es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él!

¡La Pascua alegre, la Pascua del Señor, Pascua! Ha surgido para nosotros una Pascua santísima, Pascua en la cual nos abrazamos unos a otros con alegría; ¡Pascua rescate de la tristeza!, y esto porque hoy Cristo brilló desde el sepulcro como desde la cámara nupcial, y llenó de alegría a las mujeres diciéndoles: ¡Anunciadle a los apóstoles!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

¡Hoy es el día de la resurrección! Resplandezcamos con la fiesta! Abracémonos unos a otros. Digamos hermanos también a los que nos odian; Perdonemos todo por la resurrección. Y clamemos así: “Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte; y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros”.

El “Cristo resucitó...” se repite tres veces, y luego lo cantamos muchas veces.

Mientras tanto el sacerdote superior aparece ante la Puerta Real teniendo en su mano el Evangelio; todo el clero y los fieles vienen a besar el Santo Evangelio. Los fieles se saludan diciendo: “Cristo resucitó” y se contesta “Verdaderamente resucitó”.

Así terminan los Matutinos y luego se da comienzo a la Divina Liturgia (la Santa Misa).

LA DIVINA LITURGIA

El sacerdote comienza la Liturgia con la doxología:

Sac.: Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

Sac.: ¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

El coro repite dos veces este tropario. Luego el sacerdote procede a incensar el altar, alternando los versículos como al comienzo del Matutino. Sigue el texto usual de la Liturgia, pero con las siguientes variaciones.

Primera Antífona

1- ¡Cantad al Señor con gozo toda la tierra!

Coro: Por las oraciones de la Madre de Dios, sálvanos, oh Salvador.

2- ¡Cantad un himno a su Nombre, dad gloria a su alabanza!

Coro: Por las oraciones de la Madre de Dios, sálvanos, oh Salvador.

3- Decidle a Dios: ¡Qué temibles son tus obras!

Coro: Por las oraciones de la Madre de Dios, sálvanos, oh Salvador.

4- Que toda la tierra te adore y te celebre, que cante un himno a tu Nombre, ¡oh Altísimo!

Coro: Por las oraciones de la Madre de Dios, sálvanos, oh Salvador.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.


Letanía como en p. 26, que culmina con:

Sac.: Porque a ti te alaban todos los poderes celestiales, te glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda Antífona

1- Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga.

Coro: Sálvanos, oh Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos; te cantamos, aleluya.

2- Que la Luz de tu Rostro resplandezca sobre nosotros y tenga piedad de nosotros.

Coro: Sálvanos, oh Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos; te cantamos, aleluya.

3- Para conocer tu camino sobre la tierra, tu salvación en todas las naciones.

Coro: Sálvanos, oh Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos; te cantamos, aleluya.

4- Que el pueblo te confiese, oh Dios; que todo el pueblo te alabe.

Coro: Sálvanos, oh Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos; te cantamos, aleluya.

Tercera Antífona

Levántese Dios, sean dispersados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen.

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Como se disipa el humo, disípense; como se derrite la cera ante el fuego.

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Así perecen los impíos ante el Rostro de Dios, pero los justos se regocijarán,

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Éste es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos.

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!


Pequeña Entrada con el Evangelio

Sac.: En las asambleas bendecid a Dios, al Señor de las fuentes de Israel. Sálvanos, oh Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos, te cantamos Aleluya.

Tropario

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros! (3 veces).

Ipakoí

Las mujeres portadoras de mirra fueron al alba al sepulcro del que da la Vida, y encontraron un ángel sentado sobre la piedra y que les dijo así: ¿Por qué buscáis al Viviente entre los muertos? ¿Por qué lloráis al Incorruptible como si estuviese en la corrupción? ¡Id y anunciadle a sus discípulos!

Kontakion

Aunque descendiste al sepulcro, oh Inmortal; destruiste el poder del infierno y resucitaste como vencedor, ¡oh Cristo Dios!, y dices a las mujeres portadoras de mirra: “¡Alegráos!” y otorgas la paz a tus apóstoles. ¡Tú que concedes la resurrección a los caídos!

TRISAGION

Coro: Vosotros que fuisteis bautizados en Cristo, os revestísteis de Cristo. Aleluya (3 veces).

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Vosotros que fuisteis bautizados en Cristo, os revestísteis de Cristo. Aleluya

EPÍSTOLA

Prokimenon[2]: Éste es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos.

Vers.: Confesemos al Señor porque es bueno, porque su misericordia permanece para siempre.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles (1, 1-8)

El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, «que oísteis de mí: Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días». Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»

Coro: Aleluya, aleluya, aleluya.

Vers.: Tú, Señor, cuando te hayas levantado tendrás piedad de Sión, pues es tiempo de que tengas piedad de ella.

Vers.: El Señor miró desde el cielo y vio a todos los hijos de los hombres.

EVANGELIO

Sac.: Lectura del Santo Evangelio según san Juan (1, 1-17)

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí: porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

Megalinaria

En vez de “Verdaderamente es digno” se canta el siguiente himno de la novena oda del Matutino:

El ángel clamó a la llena de gracia: “¡Virgen Purísima, alégrate, nuevamente diré, alégrate, tu Hijo resucitó del sepulcro al tercer día!”

¡Resplandece, resplandece, nueva Jerusalén, pues la gloria del Señor ha surgido sobre ti. Danza ahora y alégrate, Sión; y tú, oh Purísima Madre de Dios, regocíjate en la resurrección de tu Hijo!

Kinonikón

El cuerpo de Cristo. Tomad de la Fuente de Vida, bebed. Aleluya.

En vez de Hemos visto la verdadera Luz...” se canta:

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

En lugar de ”Bendito sea el Nombre del Señor...” se canta:

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros! (3 veces).

Homilía de san Juan Crisóstomo

Si alguno es devoto y amante de Dios, que goce de esta hermosa y brillante fiesta. Si alguno es un siervo agradecido, que entre con alegría en el gozo de su Señor. Si alguno se fatigó ayunando, que goce ahora con el denario[3]. Si alguno ha trabajado desde la primera hora, que reciba su justa gratificación. Si alguno vino después de la tercera hora, que festeje agradecidamente. Si alguno llegó después de la sexta hora, que no dude; en nada es perjudicado. Si alguno ha demorado hasta la novena hora, que se aproxime sin vacilación. Si alguno llega sólo a la undécima hora, que no tema a causa de su demora; pues el Señor siendo generoso, recibe al último como al primero. Él concede descanso al que viene en la undécima hora como al que ha trabajado desde la primera hora. Él tiene misericordia del último, y cuida del primero. A aquel ha dado, y a éste regala. Él recibe las obras y abraza la intención. Honra las obras, y alaba el propósito.

Por lo tanto, entrad todos en el gozo de nuestro Señor. Los primeros y los segundos, gozad de la recompensa. Ricos y pobres, regocijáos juntos. Abstinentes y perezosos honrad este día. Los que habéis ayunado y los que no habéis ayunado regocijáos hoy. La mesa está llena, deleitáos todos de ella. El ternero está cebado entero; que nadie se retire con hambre. Regocijáos todos del banquete de la fe. Disfrutad todos de la riqueza de la bondad. Que nadie se lamente por su pobreza, pues se manifestó nuestro reino común. Que nadie se duela de sus caídas, pues el perdón surgió del sepulcro. Que nadie tema la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha librado.

La extinguió al ser retenido por ella. Saqueó al infierno descendiendo a él. Lo hizo experimentar la amargura, cuando éste gustó su carne. Esto predijo Isaías cuando exclamó diciendo: “El infierno fue amargado, cuando te encontró abajo. Fue amargado, pues fue destruido. Fue amargado pues fue engañado. Fue amargado pues fue muerto. Fue amargado porque fue abolido. Fue amargado pues fue maniatado. Tomó un cuerpo, y encontró a Dios. Tomó tierra, y encontró Cielo. Tomo lo que vio y fue vencido por lo que no vio. ¿Dónde esta, muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, infierno, tu victoria? Cristo resucitó y tú fuiste derribado. Cristo resucitó y han caído los demonios. Cristo resucitó y se alegran los Ángeles. Cristo resucitó y gobierna la Vida. Cristo resucitó y ya no hay ningún muerto en la tumba. Pues Cristo resucitado de entre los muertos y llegó a ser primicia de los que han muerto. A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Luego se canta el tropario de san Juan Crisóstomo

Habiendo brillado la gracia de tu boca, como fuego, iluminó el universo, descubrió para el mundo los tesoros del desprecio por el dinero, y nos mostró la altura de la humildad. Pero tú, oh padre Juan Crisóstomo, que nos instruyes con tus palabras, ruega al Verbo, Cristo Dios, que salve nuestras almas.

BENDICIÓN (APOLISIS)

Sac.: Cristo, nuestro verdadero Dios, que resucitó de entre los muertos, por las oraciones de su purísima Madre, por la virtud de la venerable y vivificadora cruz, por la protección de los poderes celestiales e incorpóreos, por las oraciones del glorioso profeta y precursor, san Juan Bautista; de los santos gloriosos e ilustres apóstoles; de los santos gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros santos y teóforos Padres, de las santos y piadosos antecesores de Cristo, Joaquín y Ana, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y nos salve, como Dios bueno y misericordioso que ama a la humanidad.

Por las oraciones de nuestros santos Padres, Señor Jesucristo Dios nuestro, ten misericordia de nosotros y sálvanos.

Coro: Amén.

El sacerdote en voz alta dice al pueblo por tres veces: “Cristo resucitó” y los fieles le responden: ”Verdaderamente resucitó”.

Y finalmente el sacerdote dice

Prosternémonos ante su Resurrección al tercer día.

Los fieles contestan:

Adoramos su resurrección al tercer día.

Finalmente una vez más en esta noche el tropario pascual:

¡Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte, y concediendo la vida a los que estaban en los sepulcros!

Equipo de redacción: “En el Desierto”


[1] el evangelio

[2] Sal 117 (118)

[3] de la recompensa