martes, 21 de junio de 2011

Agradecemos al Hno Pablo Argárate

EL TRIDUO PASCUAL EN LA LITURGIA BIZANTINA

JUEVES SANTO EN LA MAÑANA
VÍSPERAS
Se celebran anticipadamente por la mañana. Se celebra la liturgia de San Basilio en conmemoración de la eucaristía.
El diácono comienza diciendo en voz alta:
Diác: Bendice Padre.
Sac.: Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos .
Coro: Amén.
Sac.: ¡Gloria a ti, Dios nuestro, gloria a ti!

Oh Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de Verdad, que estás en todas partes, y todo lo llenas; tesoro de los bienes y dador de vida, ven y habita en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, ¡oh Bondadoso!

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor perdona nuestros pecados; oh Soberano perdona nuestras transgresiones; oh Santo mira y sana nuestras dolencias, a causa de tu Nombre.

Señor ten piedad. Señor ten piedad. Señor ten piedad .
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo. Santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Reino . Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos también a quienes nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del mal.
Porque a ti pertenece el reino, el poder y la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.

Señor, ten piedad (12 veces).
Venid prosternémonos e inclinémonos ante nuestro Rey y Dios. Venid prosternémonos e inclinémonos ante Cristo, nuestro Rey y Dios. Venid prosternémonos e inclinémonos ante Cristo, Él es nuestro Rey, Señor y Dios.

Se reza el salmo 103 (104)

Letanías de la Paz Diác: Oremos en paz al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por la paz que viene de lo alto y la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por la paz del mundo entero, y la prosperidad de las santas iglesias de Dios, y la unión de todas, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por este santo templo y los que entran en él con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por nuestro Patriarca (N) (por nuestro arzobispo u obispo), por los venerables sacerdotes y diáconos en Cristo, por todo el clero, y por todo el pueblo, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por la nación, las autoridades que nos gobiernan y todo el ejército cristiano, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por esta ciudad (santo monasterio), toda ciudad, zona y por los que habitan con fe en ellas, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por la salubridad de los aires, la abundancia de los frutos de la tierra y tiempos de paz, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Por los que viajan por tierra, mar y aire, por los enfermos, los afligidos, los cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Para que seamos liberados de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.Coro: Señor ten piedad.Diác: Ampáranos, sálvanos, ten misericordia y protégenos, oh Dios, por tu gracia.Coro: Señor ten piedad.Diác: Conmemorando a nuestra Santísima, purísima, muy bendita y gloriosa Señora, Madre de Dios y siempre Virgen María, con todos los santos, encomendémonos a nosotros mismos y mutuamente, y toda nuestra vida a Cristo Dios .Coro: ¡A ti, Señor!Sac.: Porque a ti pertenece toda gloria, honor y adoración, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.Coro: Amén. Se reza el salmo 140 (141) . Después sigue el salmo 141(142), el 129 (130), que es aquí presentado:Desde lo profundo clamé a ti, Señor; Señor, escucha mi voz.Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.A partir de aquí los versículos del salmo son intercalados con diversos troparios (Los términos propios de la liturgia oriental y bizantina son aclarados al final del libro, en p. 96).Vers. 1: Si te fijaras en los delitos, Señor, ¿ Señor quien resistirá? Porque junto a ti está el perdón.Tono IILa asamblea de los Judíos se reunió, para entregar a Pilatos al Productor y Creador de todas las cosas, ¡oh impíos ! ¡oh hombres sin fe! Al que viene a juzgar a vivos y muertos, lo preparan para el juicio ; al que sana los dolores, le preparan sufrimientos. ¡Oh Señor paciente , grande es tu misericordia, gloria a Ti!Vers. 2: Por tu nombre, esperé en ti, Señor; esperó mi alma en tu palabra, aguardó mi alma en el Señor.La asamblea de los Judíos se reunió, para entregar a Pilatos al Productor y Creador de todas las cosas, ¡oh impíos! ¡oh hombres sin fe! Al que viene a juzgar a vivos y muertos, lo preparan para el juicio; al que sana los dolores, le preparan sufrimientos. ¡Oh Señor paciente, grande es tu misericordia, gloria a Ti!Vers. 3: Desde la mañana hasta la noche; que desde la mañana Israel espere en el Señor.Judas el transgresor , que en la cena puso su mano en el plato contigo, Señor, extendió sus manos a los impíos para recibir el dinero; y aquel que calculó el precio de la mirra, no se estremeció en venderte a ti, que no tienes precio. Y el que puso sus pies para que los lavase el Señor, engañosamente te besó, para entregarte a los impíos; y al ser excluido de la asamblea de los Apóstoles, arrojó las treinta monedas de plata y no vio tu resurrección al tercer día. Por lo tanto, ¡ten misericordia de nosotros!Vers.4: Porque junto al Señor está la misericordia y la redención copiosa, y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.Judas, el traidor, siendo un embaucador, entregó al Señor y Salvador con un beso engañoso, y al Señor de todos vendió como esclavo a los judíos, como cordero a la inmolación. Así fue llevado el Cordero de Dios, el Hijo del Padre, el único de infinita misericordia.Aquí comienza el salmo 116 (117), también intercalado con troparios.Vers. 5: Alabad al Señor, todas las naciones, ensalzadle todos los pueblos.Judas el siervo y embaucador, el discípulo y el traidor, el amigo y el diablo, fue manifestado por sus obras. Sigue al Maestro, y contra Él medita su traición. Decía en sí: Lo entregaré y aprovecharé mucha riqueza; preguntó el precio de la mirra, y con dolo prendió a Jesús. Dio el saludo y traicionó a Cristo. ¡Y como cordero a la inmolación fue conducido El único que es misericordioso y amante del hombre!Vers. 6: Porque su misericordia se confirmó sobre nosotros, y la verdad del Señor permanece para siempre.El Cordero que Isaías proclamó viene voluntariamente a la inmolación; entrega sus espaldas a los azotes, y sus mejillas a los golpes. No oculta su rostro de la ignominia y de los salivazos. Es condenado a una muerte vergonzosa; y El que es sin pecado, voluntariamente se somete a todo, para conceder a todos la resurrección de entre los muertos .Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Tono VIVerdaderamente Judas es raza de víboras, las cuales comieron maná en el desierto y murmuraron contra el que los alimenta; pues mientras el alimento estaba aún en sus bocas, los ingratos hablaron contra Dios. Y Judas el impío, llevando el pan del cielo todavía en su boca, realizó la traición contra el Salvador. ¡Oh mente insaciable y audacia humana! Vendió al Señor que lo alimentó, y a quien besó, entregó a la muerte. Fue verdaderamente el hijo depravado de aquellos, y con ellos heredó la perdición. Pero, ¡salva nuestras almas, Señor, de tal inhumanidad, tú, el único incomparable en paciencia!Entrada con el EvangelioLa procesión sale de la Puerta Norte, y llegando al centro de la Iglesia se detiene. Después de la bendición del Sacerdote, el diácono, elevando el Evangelio dice:¡Sabiduría, estemos atentos! y ambos cantan : Luz gozosa de la santa gloriadel Padre inmortal y celestial,Santo y bienaventurado Jesucristo.Llegando al ocaso del sol,viendo la luz vespertina,alabamos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.Porque eres digno de ser celebradoen todo tiempo con voces santas.Hijo de Dios, dador de Vida.Por eso el mundo te glorifica.Prokimenon (Tono I): Líbrame Señor del hombre malvado; sálvame del hombre violento .Vers.: Ellos traman injusticia en el corazón, todo el día preparan combates.Diác: Sabiduría, estemos atentos.
Lectura del libro del Éxodo (19, 10-19)
Yahveh dijo a Moisés: “Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos y estén preparados para el tercer día; porque al día tercero descenderá Yahveh a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Deslinda el contorno de la montaña, y di: Guardáos de subir al monte y aun de tocar su falda. Todo aquel que toque el monte morirá. Pero nadie pondrá la mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; sea hombre o bestia, no quedará con vida. Cuando resuene el cuerno, subirán ellos al monte”. Bajó, pues, Moisés del monte, adonde estaba el pueblo, y ellos lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: “Estad preparados para el tercer día, y abstenéos de mujer”. Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.

Prokimenon (Tono grave)
Líbrame de mis enemigos, oh Dios. Sálvame de los que se levantan contra mí.
Vers.: Líbrame de los que realizan la maldad. Sálvame de los hombres sanguinarios.

Lectura de Job (38,1-21. 42, 1-5)
Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo: ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido? Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás. ¿Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad. ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella? ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular, entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios? ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando; cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales; cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos? ¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas. ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar, para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados? Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido. Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba. ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo? ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra? ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto. ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?, para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa. Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días! Y Job respondió a Yahveh: Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable. Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro (Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.) Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos.

Lectura de la profecía de Isaías (50, 4-14)
El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos. Pues que Yahveh habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado. Cerca está el que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es mi demandante? ¡que se llegue a mí! He aquí que el Señor Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá. El que de entre vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese en su Dios. ¡Oh vosotros, todos los que encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre de vuestro propio fuego y a las brasas que habéis encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento yaceréis.

Al terminar la lectura el diácono exclama:
Diác: De nuevo oremos en paz al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diác: Ampáranos y sálvanos, ten misericordia y protégenos, oh Dios, por tu gracia.
Coro: ¡Señor, ten piedad!
Diác: Conmemorando a nuestra Santísima, purísima, muy bendita y gloriosa Señora, Madre de Dios y siempre Virgen María, con todos los santos, encomendémonos a nosotros mismos y mutuamente, y toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: ¡A ti, Señor!
Sac.: Porque eres Santo, oh Dios nuestro, te glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

Trisagion
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Epístola
Diác: Estemos atentos.
Prokimenon (Tono grave): Los caudillos conspiran aliados contra el Señor y contra su Ungido :
Vers.: ¿Por qué se jactan las naciones, y los pueblos meditan cosas vanas?
Diác: ¡Sabiduría!
Lector: Lectura de la primera Epístola de San Pablo a los Corintios (11, 23-32)

Hermanos, yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío”. Asimismo también la copa después de cenar diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío”. Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos. Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos castigados. Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Aleluiárion (tono VI)
Coro: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Vers.: Bienaventurado el que tiene piedad del pobre y del necesitado; en el día malo lo librará el
Señor. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Vers.: Mis enemigos hablan mal contra mí, ¿cuándo morirán y se perderá su nombre?. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Vers.: El que come mi pan alzó su talón contra mí. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

EvangelioSac.: Sabiduría, estemos de pie. Escuchemos el Santo Evangelio.La paz sea con todos.Coro: Y con tu espíritu.Lectura del Santo Evangelio según San Mateo: (26, 2- 27, 2).Dijo el Señor a sus discípulos: “Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado”. Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás; y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte. Decían sin embargo: “Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo”. Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: “¿Para qué este Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres”. .Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: “¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una "obra buena" ha hecho conmigo. Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya”. Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: “¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?”. Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. El primer día de los Ácimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: “¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?” El les dijo: “Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos”. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará. Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” El respondió: “El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: “¿Soy yo acaso, Rabbí?” Dícele: “Sí, tú lo has dicho”. Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: “Tomad, comed, éste es mi cuerpo”. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: “Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre”. Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces les dice Jesús: “Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño . Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea”. Pedro intervino y le dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Jesús le dijo: “Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces”. Dícele Pedro: “Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré”. Y lo mismo dijeron también todos los discípulos. Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allá a orar”. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú”. Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: “¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene entonces donde los discípulos y les dice: “Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca”. Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que le iba a entregar les había dado esta señal: “Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle”. Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: “¡Salve, Rabbí!”, y le dio un beso. Jesús le dijo: “Amigo, ¡a lo que estás aquí!” Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja. Dícele entonces Jesús: “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada. ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?” En aquel momento dijo Jesús a la gente: “¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas”. Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron. Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte, y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos, que dijeron: “Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo. Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: “¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?” Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Dícele Jesús: “Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo”. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?” Respondieron ellos diciendo: “Es reo de muerte”. Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, diciendo: “Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?” Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: “También tú estabas con Jesús el Galileo”. Pero él lo negó delante de todos: “No sé qué dices”. Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: “Este estaba con Jesús el Nazoreo”. Y de nuevo lo negó con juramento: “¡Yo no conozco a ese hombre!” Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: “¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre”. Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: “¡Yo no conozco a ese hombre!” Inmediatamente cantó un gallo. Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: “Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces”. Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente. Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilatos.Coro: ¡Gloria a tu infinita paciencia, Señor, gloria a ti!Se continúa con el resto de la liturgia de San Basilio. En vez del Querubicón y del Kinonikón y el himno “Hemos visto la verdadera Luz” se canta el siguiente tropario:Tono IIRecíbeme hoy como partícipe de tu mística Cena, ¡oh Hijo de Dios! Porque no revelaré este Misterio a Tus enemigos, y no te daré un beso como Judas, sino que, como el buen ladrón te confieso: “¡Acuérdate de mí, Señor, cuando vengas en tu Reino!” BendiciónSac.: ¡Gloria a ti, oh Cristo, Dios nuestro, esperanza nuestra, gloria a ti!Lector: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Señor ten piedad, Señor ten piedad, Señor ten piedad.Sea bendito el Nombre del Señor...Sac.: El que por su excesiva bondad ha mostrado que la humildad es el mejor camino al lavar los pies de sus discípulos, y condescendió con nosotros hasta la cruz y el sepulcro, Cristo, nuestro Dios verdadero, que voluntariamente soportó la pasión por nuestra salvación, por la intercesión de su Santísima y purísima Madre; por la virtud de su preciosísima y vivificadora Cruz; por la protección de los poderes celestiales e incorpóreos; por las oraciones del glorioso profeta y precursor San Juan Bautista; de los santos gloriosos e ilustres apóstoles, de los santos gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros santos y teóforos Padres, de los santos antecesores de Cristo, Joaquín y Ana; y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y nos salve, porque es Dios bueno, misericordioso y ama a la humanidad.Por las oraciones de nuestros santos Padres, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten misericordia de nosotros y sálvanos.Coro: Amén.
Equipo de redacción:"En el Desierto"

domingo, 12 de junio de 2011

Continuamos Compartiendo otro texto de Orígenes que agradecemos a Teodoro H. Martín

I. Sobre la Oración

El tratado se divide en tres partes:

1) La oración en general;

2) el Padre Nuestro;

3) Circunstancias de la Oración.


La Oración en general

Se confirma lo dicho con los siguientes ejemplos de la sagrada Escritura. La persona que ora debe levantar “sus manos piadosas” plenamente desarraigada el alma de la pasión de la ira, sin guardar enojo contra nadie antes bien perdonando todos los pecados con que le han ofendido. Luego para que la mente esté libre de pensamientos extraños, durante el tiempo de la oración ha de olvidarse de todo lo que no sea oración[1].

Renunciar a toda maldad es acto de la mayor virtud, pues como dice el profeta Jeremías en eso se resume toda la ley. Dice así: “Cuando yo saqué a vuestros padres del país de Egipto no les mandé nada tocante a holocausto y sacrificio” (Jr 7, 22) sino “amor y compasión practicado cada cual con su hermano, no maquinéis mal uno contra otro en vuestro corazón” (Zc 7, 9-11). Cuando acudimos a la oración dejando olvidadas las injurias cumplimos el mandato del Señor. “Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno” (Mc 11, 25). Es evidente que cuando nos ponemos a orar de esta manera ya hemos conseguido lo mejor[2].

El Sumo Sacerdote ora con los que oran de corazón. Y también “los ángeles en el cielo se alegran por un pecador que se convierte más que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión”. Asimismo las almas de los santos que ya descansaron. Esto se prueba con el pasaje de Rafael ofreciendo al Señor un sacrificio espiritual por Tobías y Sara. Después que ambos oraron, dice la Escritura: “Fue oída en aquel instante en la gloria de Dios la plegaria de ambos y fue enviado Rafael a curar a los dos” (Tob 3, 16-17). El mismo Rafael, al dar a conocer lo que había hecho por ellos como ángel a las órdenes de Dios dice: “Cuando tú y Sara hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones”. Y un poco más adelante: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada en la gloria del Señor” (Tob 12, 12.15) Por tanto, conforme a las palabras de Rafael, “buena es la oración con ayuno, limosna y justicia” (Tob 12, 8).

Otro santo, ya fallecido, dio testimonio diciendo: “Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo y por la ciudad santa, Jeremías, el profeta de Dios” (2 Mac 15, 14)[3].

Más que los apóstoles, los ángeles trabajan por el crecimiento y extensión de la Iglesia[4].

Durante la oración el que ora recuerda a los ángeles lo que necesita y ellos lo cumplen, si pueden, pues han recibido orden universal[5].

Ora “constantemente” (obras virtuosas y cumplimiento de los mandamientos son parte de al oración) el que une la oración al cumplimiento de los deberes y las obras buenas a la oración. La única manera de entender el mandato de “orar siempre” (1 Ts 5, 17), teniendo en cuenta nuestras limitaciones, es considerar que la vida del santo en conjunto es una gran oración. Lo que acostumbramos llamar oración es, por consiguiente, parte de esta oración. Ateniéndonos a la noción común de oración hay que practicarla tres veces al día. Esto se ve claro en la historia de Daniel que oraba tres veces al día aun cuando por ello corriese gran peligro (Dn 6, 13). San Pedro subió a la terraza para hacer oración hacia la hora sexta cuando vio el lienzo que bajaba del cielo atado por las cuatro puntas. Practicaba el segundo de los tres tiempos de oración, como dice David: “Porque a ti te suplico, Señor, y a de mañana oyes mi voz; de mañana te presento mi súplica y me quedo a la espera” (Sal 5, 3). El último tiempo de oración queda indicado así: “El alzar de mis manos como oblación de la tarde” (Sal 141, 2). A decir verdad, cumplimos debidamente con el tiempo de la noche con esta oración de la que habla David cuando dice: “Me levanto a media noche a darte gracias por tus justos juicios” (Sal 119, 62). Pablo, como se refiere en los Hechos de los apóstoles, oraba hacia “media noche con Silas en Filipo y cantaban un himno a Dios de manera que los prisioneros pudieron oírles” (Hch 16, 25)[6].

Y ¿para qué presentar una larga lista de los que alcanzaron de Dios los mayores favores orando de la manera que deben? Cada cual puede por sí mismo hacer una selección de ejemplos tomados de la Biblia.

Ana, cuando todos la creían estéril, oró al Señor[7]y por ello dio a luz a Samuel a quien se lo compara con Moisés[8]. Ezequías, todavía sin hijos cuando Isaías le anunció que iba a morir, oró y fue contado en la genealogía del salvador[9]. Cuando el pueblo estaba a punto de perecer por decreto, debido a las intrigas de Amán, la oración de Mardoqueo y Ester con el ayuno fue escuchada y dio lugar a un nuevo día de fiesta, además de las solemnidades que había mandado Moisés (Est 3, 6. 7; 4, 16. 17; 9, 26-28). Judit, habiendo hecho oración, con la ayuda de Dios venció a Holofernes. Así una mujer hebrea humilló a la casa de Nabucodonosor[10]. Un viento fresco impidió que las llamas encendidas quemaran a Ananías, Azarías y Misael, porque fue escuchada su oración[11].

Por la oración de Daniel los leones de la cueva de Babilonia no abrieron la boca[12]. Jonás no perdió la esperanza de ser escuchado cuando estaba en el vientre de la ballena que le había tragado. Salió luego y cumplió entre los ninivitas la misión que apenas había empezado[13].

Ya que el apóstol en su primera carta a Timoteo expresa con cuatro palabras las cuatro ideas directamente relacionadas con la oración, será provechoso proponer el tema y ver si debidamente comprendemos los cuatro términos en el sentido que él los entendió. El texto dice así: “Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, adoraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres”[14]. Entiendo por peticiones las súplicas encaminadas a conseguir algo que nos hace falta. Adoración es algo más noble; es alabar a Dios por sus prodigios. Súplica consiste en dirigirse con cierta confianza o atrevimiento a Dios pidiéndole algo. Acción de gracias es reconocer orando los beneficios recibidos de Dios, sea por grandes y notorios favores o los que conoce solamente quien los ha recibido[15].

Analizando el Padre Nuestro, en primer lugar se plantea críticamente el problema de las dos redacciones diferentes[16].

¿Cómo podemos admitir que las mismas palabras hayan sido enseñadas una vez en discurso continuado, sin que nadie lo hubiese pedido, y la otra como respuesta a la petición de un discípulo?[17].

Entra en su “habitación” a encontrarse con la riqueza allí acumulada, pues ha guardado para sí los tesoros de sabiduría y ciencia[18]. Sin mirar ni salirse a las cosas de fuera, cierra todas las puertas de los sentidos para no disiparse por ellos ni ofuscar la mente con sus impresiones[19].

En la oración no amontonamos “palabras vacías”, tratamos de verdades divinas. Son vacías nuestras palabras cuando no queremos examinar las propias faltas ni consideramos la insensatez de la palabrería en la oración. Palabras y hechos impuros, pensamientos y cosas impropias, reprochables, ajenas a la pureza del Señor[20].

Más bien Dios manda orar porque quiere que todo lo que hay en la “tierra”, es decir, las cosas más bajas y sus afines se hagan como las más dignas que tienen su ciudadanía en el cielo[21], las ya transformadas en “celestiales”.

Si, pues, somos tierra por el pecado, oremos para que también la voluntad de Dios nos disponga al arrepentimiento como transformó a los que nos han precedido y ahora son “cielo”. Y si el Señor nos reconoce ya “cielo” y no “tierra” pidamos que la voluntad de Dios llegue a plenitud en la tierra como en el cielo. Quiero decir que la gente más baja se transforme de tierra en cielo, por así decir, para que en adelante no sean terrenales sino celestiales[22].

Si esto es cierto y hay tal diferencia de alimentos, uno destaca entre todos: “nuestro pan sustancia de cada día”. Hay que orar para ser digno de él y que, alimentados por el Verbo que estaba con Dios ya en el principio[23] nos divinicemos[24].

En el libro de Job y en el Deuteronomio consta que las tentaciones sirven para manifestar lo que somos dando a conocer los secretos del corazón. Textualmente dice Job: “¿Piensas que te he probado por alguna otra razón que poner de manifiesto tu rectitud?”[25]. Y en el Deuteronomio. “Te humilló, te hizo sentir hambre, te dio a comer el maná, te ha conducido a través de este desierto grande y terrible entre serpientes y escorpiones, lugar de sed y sin agua... para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón”[26].

Me parece que inmediatamente antes de la oración hay que preparase recogiéndose un poquito con lo cual estará el alma más atenta y diligente durante todo ese tiempo. Dense cuenta, en cuanto les sea posible, de la majestad a quien se acercan, pensando lo impío que es estar en su presencia sin reverencia, perezosamente y con menosprecio. En ese tiempo olvídese de todas las cosas. Ha de estar en oración de esta manera: extienda el alma, si fuera posible, en vez de las manos; en vez de los ojos, fije en Dios la mente; en vez de estar de pie, levante del suelo la razón y así la mantenga delante del Señor. De quien parezca haberle injuriado aparte su indignación tan lejos como quiera que Dios retire su enojo contra él. Si ha hecho mal o pecado contra muchas personas o tiene idea de haber obrado contra la propia conciencia[27].

Muchas y diferentes pueden ser las posturas del cuerpo, pero has de preferir entre todas la de brazos extendidos y mirada levantada, porque de esta manera el cuerpo viene a ser imagen de las características que el alma ha de tener en la oración[28].

Uno debe ponerse de rodillas cuando va a hablar de sus pecados ante Dios, pues suplica le sena perdonados. Entendamos que, como dice san Pablo, esta postura es símbolo de la “actitud humilde ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra”[29]. Se entiende esto como genuflexión espiritual porque todo lo que existe adora a Dios en el nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos”[30]. No parece que los cuerpos celestes tengan rodillas, pues son de forma esférica según han demostrado los que investigan seriamente estos temas. Quien no admita esto aceptará en cambio que cada miembro tiene su función propia, pues todo ha sido creado por alguna razón. Así, pues, se encontrará en este dilema: o dice que Dios ha dado inútilmente miembros a los cuerpos celestes o dice que también los órganos internos cumplen sus funciones en los cuerpos celestes. Es absurdo decir que son como estatuas, con apariencias de seres humanos por fuera pero dentro no se les parecen en nada. Son estas ocurrencias a propósito del “doblar la rodilla” del texto: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos en la tierra y en los abismos”[31]. El profeta dice lo mismo: “Ante mí se doblará toda rodilla”[32].

Con respecto al lugar sepamos que ora bien en todas partes la persona que ora bien. Pues “en todo lugar se ofrece incienso a mi nombre” dice el Señor”[33]. Y “quiero que los hombres oren en todo lugar”[34]. Pero todos pueden, si se me permite la expresión tener un lugar santo para la oración en el propio hogar, donde puedan recogerse tranquilamente y sin distracción. Inspecciónese bien este recinto para evitar cualquier cosa impropia del lugar de oración o que sea fuera de lo razonable. Si algo hubiere indigno, Dios retiraría su mirada tanto de las personas como del lugar de la oración. Al reflexionar sobre este lugar sugiero una idea que puede parecer dura pero no despreciable para quien lo considere despacio. Se trata del lugar donde se haga vida matrimonial, legítimamente por supuesto, peor permitida según la expresión del apóstol: “por concesión, no por mandato”: Cabe preguntarse si este sería lugar santo y puro a los ojos de Dios. Porque si a uno le resulta imposible sacar tiempo para orar como es debido, a no ser que “de común acuerdo” lo dispongan[35] lo mismo se puede decir del lugar[36].

Por consiguiente, cuando se reúnen los santos hay una doble iglesia o asamblea: la de los hombres y la de los ángeles[37].

Por eso, no se menosprecien las oraciones comunitarias, ya que añaden algo excelente a quienes piadosamente se reúnen[38].

Cualquier persona reconoce sin la menor duda que debemos orar mirando al oriente, expresión simbólica del alma que mira al levante de la luz verdadera[39].


Fines de la oración: adoración, gracias, perdón, peticiones

Creo que debo concluir este tratado de la oración tocando brevemente cuatro puntos de que he hablado en distintos lugares de las santas Escrituras. Todos deberían tenerlos en cuenta. Son éstos: al comenzar debemos dirigir fervorosa adoración al Padre, por Jesucristo, y el Espíritu santo, glorificados y alabados igualmente con el Padre. Sigue la acción de gracias por los beneficios que todo el mundo recibe, y en particular cada cual por los propios. En tercer lugar, creo que uno debe acusarse sin compasión ante Dios de los propios pecados pidiendo dos cosas: primera que le libre del hábito de pecar, y segunda que le perdone todos los pecados cometidos. Después de esta confesión, a mi parecer, ha de añadirse la petición de grandes y celestes mercedes, para uno mismo en particular y para todo el mundo, empezando por los familiares y amigos más queridos. La oración concluirá con una doxología o alabanza a Dios por Jesucristo en el Espíritu Santo.

Como dije antes, he hallado estos puntos diseminados a lo largo de la Biblia. Ante todo, la adoración y alabanza se pueden ver en estas palabras del Salmo 104: “¡Alma mía, bendice al Señor! ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad, arropado de luz como de un manto. Tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda, levantas las aguas de tus altas moradas; haciendo de las nubes carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas; tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros. Sobre sus bases asentaste la tierra, inconmovible para siempre jamás. Del océano, cual vestido, la cubriste; sobre los montes persistían las aguas; al increparlas tú emprenden al huida, de tu trueno a la voz se precipitan”[40]. Casi todo este salmo es una alabanza a Dios Padre. Cada cual puede por sí mismo seleccionar más ejemplos y comprobar con cuanta frecuencia recurre el tema de la alabanza por todas las Escrituras.

Como ejemplo de acción de gracias cito lo que se refiere en el libro segundo de Samuel sobre David. Cuando el profeta Natán le dio a conocer las promesas del Señor, lleno de admiración por tantos goces, exclamó David en acción de gracias: “¿Quién soy yo, Señor Dios mío, y qué es mi casa par que tanto me ames? Yo era insignificante a tus ojos, Señor, y tú anuncias a la casa de tu siervo grandes cosas para el futuro... ¿Qué más puede decirte David, pues conoces a tu siervo? Por amor a mí has realizado tan grandes cosas. Eres grande, Señor, nadie como tú, no hay nadie fuera de ti. Según tu corazón has realizado todas estas grandezas dándolas a conocer a tu siervo para que pueda glorificarte, Señor Dios mío”[41].

Ejemplo de confesión son estos textos: “De todas mis rebeldías líbrame”[42]. “Que mis culpas sobrepasan mi cabeza como un peso harto grave para mí; mis llagas son hedor y putridez debido a mi locura; encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día”[43].

Un ejemplo de peticiones el siguiente: “No me arrebates con los impíos, ni con los agentes del mal”[44].

Y habiendo comenzado la oración con himnos de alabanza se termine también glorificando al Padre del universo por Jesucristo en el Espíritu Santo, a quien sea dada la gloria por siempre[45].

Equipo de redacción: "En el Desierto"

[1] 9, 1, p. 89

[2]9, , p. 90

[3] 11, 1, p. 92

[4] 11, 3, p. 93

[5]11, 4, p. 93

[6]12, 2, p. 94

[7]1 Sm 1, 9

[8]Jr 15, 1; Sal 99, 6

[9]Mt 1, 9-10; 2 Re 20, 1; Is 38, 1

[10]Jdt 13, 4-9

[11]Cántico de los tres jóvenes 27. Dan 3, 50).

[12]Dn 6, 22

[13]Jon 2, 3-4. El texto de Orígenes es 13, 2, p. 95.

[14]1 Tm 2, 1

[15] 14, 12, p. 98.

[16] 18

[17] 18, 3, p. 108

[18]Mt 6, 6; Col 2, 3; 1 Tm 6, 18-19

[19]20, 2, p. 110.

[20]21, 1, p. 111

[21]Flp 3, 19

[22]26, 6, p. 124.

[23]Jn 1, 1

[24]27, 13, p. 130

[25] Job 40, 8, versión LXX

[26]Dt 8, 2.3. 15

[27] 31, 2, p. 149

[28]31, 2, p. 150

[29] Ef 3, 14-15

[30]Flp 2, 10

[31]Flp 2, 10

[32]Is 45, 23. La cita de Orígenes es 31, 3, p. 150.

[33]Ml 1, 11

[34]1 Tm 2, 8

[35]1 Co 7, 5

[36] 31, 4, pp. 150-151

[37]31, 5, p. 151.

[38]31, 5, p. 151.

[39] 32, p. 152

[40] Sal 104, 1-7

[41]2 Sm 7, 18-22. (LXX)

[42] Sal 39, 9

[43] Sal 38, 5-6

[44]Sal 28, 3

[45]Rm 16, 27; Hb 13, 21; Gl 1, 5; 2 Tm 4, 18.